Gerald Brenan (1894-1987) creía con la misma inocencia que yo que se puede llegar a casi cualquier lugar caminando. Don Geraldo, como le decían sus amigos españoles, es considerado uno de los grandes hispanistas y escritores de viajes del siglo XX. Así que cuando me topé Al sur de Granada (1957), la seducción era inevitable. Y ciertamente, leer este libro dedicado a la región de La Alpujarra, y primordialmente al pueblito de Yegen, donde Brenan vivió durante varios años, es una delicia. Brenan no es ningún turista ni se recrea en meros exotismos y colores locales. Por decisión propia, con una pensión donada por el ejército, decidió vivir en esta zona pobre y medio olvidada de la Península y se contagió e integró plenamente a su forma de vida (se cuenta que tuvo varios hijos en la zona). Su texto nos hace experimentar profundamente la vida cotidiana en una aldea montañosa; recrea a los personajes, los paisajes, los olores, los sabores, las fiestas, los rituales y las costumbres del sur de España. Vidas reales y situadas en su contexto tradicional y supersticioso, hosco y cálido al mismo tiempo, que Brenan desentraña con calidez y un ojo curioso y observador (incluso, en algún apartado nos retrata a Virginia Woolf y al grupo de Bloomsbury, cuando van a visitarlo a La Alpujarra). Al sur de Granada es tanto una clase de antropología apasionada, como un sencillo libro de aventuras, caminatas y encuentros con variopintos personajes y linajes perdidos en el pasado. Aquí encontraremos tanto las canciones de los niños en Yegen para hechizar caracoles al atardecer, como las teorías de Brenan (apoyado en Frazer) sobre la evolución y la persistencia de los ritos y creencias de las sociedad agrícolas en las zonas sureñas y mediterráneas hispánicas: por ejemplo, la idea que tenían en las inmediaciones de Soria de que un viento fuerte podía embarazar a una joven (ahora entiendo con nitidez el poema "Preciosa y el aire" de Lorca). Digresiones históricas o antropológicas balancean casi siempre con buena fortuna el tono de experiencia y descubrimiento empírico que vive el viajero inglés durante su aventura. Dejo como colofón dos fragmentos que me tocaron en lo íntimo. Uno que justifica mi conocida devoción por las bufandas y otro que pertenece al excelente capítulo dedicado a los burdeles de Almería y brinda una de las reflexionas más luminosas que se me ocurre sobre Don Quijote.
"Con respecto a los vestidos se daban una o dos costumbres extrañas. Los hombres llevaban durante los meses de invierno una bufanda que, incluso cuando hacía bueno, les cubría la boca. Cuando se les preguntaba por qué hacían esto, respondían que resultaba peligroso dejar pasar el aire frío hasta los pulmones. Yo siempre sospeché que era por otra razón diferente, y que la costumbre era una reminiscencia mora. Las tribus Tuaregs del Sahara, que conquistaron España en el siglo XII, tenían la costumbre de llevar siempre la boca tapada para evitar que se introdujeran los espíritus malignos." (174)
"-Cada vez que vengo aquí te digo cosas bonitas, porque cada vez estás más guapa.
-Puedes guardarlas para tu amiga si es que la tienes. Quizás a ella la puedas engañar. Y ahora dime si has podido ver a aquel marinero alemán otra vez.
-Todavía no; pero lo veré pronto, preciosa.
-Bueno, pues asegúrate de que lo traes si llegas a verle. Me prometió un par de pendientes de oro y todavía los estoy esperando. ¿Y quién es ese extranjero que has recogido por ahí? Parece una persona tranquila.
-Le he contado cosas tan terribles de ti que te tiene miedo.
-Supongo que es un maricón, como tú. ¿Sabe algo de español?
-Más que tú, idiota. Ha leído el Quijote entero dos veces.
-¿Qué es eso? ¿Una historia de amor?
-Don Quijote- dijo un hombre de aspecto apoplético que se sentaba en la mesa vecina- es la gloria nacional de España. Quien no lo conozca no tiene derecho a llamarse español. Tiene un monumento en Madrid y todos los años la Academia Española, los miembros del gobierno y todas las autoridades de la ciudad le llevan flores. Fue nuestro primer revolucionario." (252)
Gerald Brenan, Al sur de Granada, Barcelona, Tusquets, 332 pp.
