
Mucho se ha escrito sobre la genial
Alphaville (1965), escrita y dirigida por el gran Jean-Luc Godard. Así que no intentaré un análisis, sino sólo un conjunto de impresiones sobre una película que me cimbró por su lenguaje y por la identificación que trasmite respecto a nuestra realidad actual. El filme de Godard amalgama la ciencia ficción y el cine negro. Alphaville, metrópolis del futuro, vive controlada por el doctor Von Braun y su máquina Alpha 60. Todos los habitantes son obligados a vivir según las leyes y cálculos de la lógica que la propia máquina produce, en un presente vaciado de sentido (no hay pasado ni futuro, se les bombardea todo el tiempo), donde cada acto se ha mecanizado y todos los sentimientos han sido erradicados (incluso llorar por un luto es un delito de estado). Algunas de las escenas más poéticas del filme nos muestran las ejecuciones de los criminales de la ciudad: con la alcurnia como testigo, esos hombres que aún tienen resquicios de ternura o se atreven a sentir son acribillados y lanzados a una piscina, donde si sobreviven o se resisten, un conjunto de bellas nadadoras los ahogan. Los diálogos de
Alphaville son potentes, filosóficos y profundamente poéticos: como en todo Godard, conviven en un bello montaje con distintas obras literarias: ahí está la poesía de Paul Éluard y su
Capital del dolor, fragmentos borgianos, declaraciones de libertad individual que chocan contra una "Biblia" que funciona como código moral y que, luego se explica, es un diccionario del que cada día se borran más y más palabras prohibidas. También lucha el amor misterioso entre dos desconocidos contra las constantes seducciones impostadas y el placer visto como mercancía que se vive en Alphaville. La "normalidad" citadina termina anulando la conciencia (concepto clave en la cinta) de sus ciudadanos y propicia el intento de Von Braun por dominar y asimilar con su modelo al resto de los estados de la galaxia. Todo lo anterior es contado sin explosiones, ni maquetas, ni efectos especiales o digitales. Alphaville es una ciudad francesa sesentera, como cualquier otra. No hay máquinas impresionantes, ni trajes, ni armas sofisticadas. Toda la magia radica en la palabra, como sucede en tantas obras de Godard, que crean atmósferas con luces, claroscuros, dibujos, palabras obsesivas, planos atrevidos o excelentes resoluciones en su fotografía en blanco y negro. En
Alphaville destaca además el recurso de la voz en off rasposa de un narrador malvado que hace de contrapunto al héroe, el agente encubierto Lemmy Caution, alias el periodista Ivan Johnson. La vitalidad, peleas y persecuciones del maduro Lemmy contrastan con la actitud y parlamentos mecánicos de los demás personajes. Ahí, en Alphaville, Lemmy encontrará a Natasha Von Braun, la hija del malvado profesor con planes de controlar al mundo, y el amor entre ambos será la única terapia para destruir la máquina, al científico loco, y finalmente, lograr la salvación de Natasha. Sí, cuando veo
Alphaville me descubro romántico, existencialista e idealista todavía. Magnífica en su canto a la vida, a la expresión del sentimiento y a la espontaneidad de la conciencia por encima de un progreso tecnológico que anula el misterio de lo humano, la cinta entrega ese Godard siempre poético, crítico de su tiempo y discursivo políticamente, pero antes de los arrebatos excesivos y las rupturas más caprichosas y algo panfletarias de sus filmes posteriores. Como última muestra, dejo un par de diálogos paradigmáticos y geniales de la entrañable
Alphaville, con el secreto reparo de que Lemmy Caution pueda reclamarme por ponerlos en un blog:
"(Interrogatorio de Alpha 5 a Lemmy Caution, alias Ivan Johnson)
A5-Viene de los Países Exteriores. ¿Qué sintió cuando viajaba a través del espacio galáctico?
LC-El silencio de estos espacios infinitos... me asustó.
A5-¿Cuál es el privilegio de los muertos?
LC-No morir más.
A5-¿Qué es lo que más ama en este mundo?
LC-El oro y las mujeres.
A5-¿Usted sabe qué es lo que transforma la noche en luz?
LC-La poesía."
"El profesor Jeckel me preguntó por qué maté al hombre del baño si de todos modos sólo era una prueba psicológica. Le respondí que estoy muy viejo como para perder el tiempo hablando, así que sólo disparo. Es mi única defensa contra la fatalidad." (Lemmy Caution)