domingo 24 de abril de 2011

Sendereando



Qué dulce subir y bajar Coscomatepec, mirar capillas remozadas y desconocidas en pueblos bellos y un poco abandonados, postales cercanas del pico de Orizaba desde una iglesia donde Tláloc está por encima de un arcángel, los pies descalzándose para entrar en la fresca fuerza del río Jamapa, las manos tratando de contener la potencia del torrente con la mochila en los hombros, los pies siguiendo su propia respiración para asentarse en planicies o escalones, las manos evitando algún insecto o aferrándose a algún árbol, con el cuerpo inclinado, para no caer al flujo del río o a las piedras. Cómo recuerdo esa poesía que se respira cuando nado en un brazo desviado del río Ayotac y el limo se pega un poco en las manos y hay momentos en que no toco el fondo y sin embargo la orilla pedregosa, con unos cuantos patos, está ahí, a la mano. Cómo entiendo la mecánica rítmica de los pasos que Dante intuyó cuando miro, desde lo alto de las vías del viejo ferrocarril México-Córdoba-Veracruz, el ojo de una cascada que desciende con gravedad furiosa hasta manchar las rocas allá abajo. Y como en un sueño, lo logramos solos, hasta allá descendimos con una breve cuerda entre los árboles, cruzamos las rocas grandes y pequeñas, y nos pusimos al pie de ese manantial. Y había café y pan y piezas arquelógicas y puentes colgantes que bramaban su vejez desdentados. Y todo esto son apenas imágenes que narran un viaje y un par de noches y algunas palabras y ojos negros húmedos y sonrisas. Pero había que intentar este relato, lateral, icónicamente, antes de las fotos, por lo menos.

miércoles 13 de abril de 2011

Héctor Viel Temperley, "Equitación".

No muchos saben que el poeta argentino Héctor Viel Temperley (1933-1987), místico a cuenta propia, nadador, amante de la vida, los caballos y los viajes, no sólo se arrebató "hasta besarse el rostro en Jesucristo" y escribió uno de los más grandes poemas (luminoso, perturbador, místico, visionario) del fin del siglo XX: Hospital Británico. Por si fuera poco Viel, que cada día me impresiona más, se dio el tiempo de forjar uno de los deliciosos poemas eróticos de los años recientes: "Equitación". Nótense el léxico equino y las metáforas marinas para el orgasmo, léase en voz alta si es posible este ritmo marcial de "a caballo", entre tantas otras cosas. Ahora, aprovechando esta calurosa primavera citadina, me permito compartir algunos fragmentos, para cuando haga falta poesía entre cabalgata y cabalgata. Corto:

Y las primeras veces que ocultando sus pechos

y sus rostros caían sus cabellos

eran mis manos las que los apartaban

porque al comienzo ellas no se atreven

a tocárselos siquiera

y para hablar sin luz se sirven de ellos

como de las rejillas de los confesionarios


“Cada tantos minutos

sus cuerpos rígidos se desplomaban

como ramas hachadas que aunque las contengamos

con los brazos en alto

igual se abrazan a los hombres rasguñándolos

y nos impiden ver el cielo

La primera vez siempre como una altísima ola

que una playa muy larga espera en todas partes

Las demás como baldes con hojas que alguien vuelca

siempre en el mismo sitio:

en el espacio libre entre dos cuerpos

y entre espasmo y espasmo

(más o menos seguidos

según se liberaban en ellas las virtudes

del fuego y la obediencia –y yo que iba contando

hasta llegar el último:

oh número final siempre lejano!—)

buscaban a mis ojos con ojos asombrados

agradecidos imperiosos dulces [...]


“También de rato en rato acariciaba

sus cabellos sus hombros suavemente

masajeaba sus tríceps cuando desfallecientes

apoyaban sus manos en mi pecho

como en una montura donde hay crines pegadas

y así se sostenían sin rigidez cansadas

como si terminaran de quitarles del pecho

a un hijo que no sabe mamar bien todavía

Pero luego de un poco más de charla

ellas solas buscaban el vaso como se hace

para abrir de a caballo una tranquera

y además ordenaban sus cabellos

rápidamente y con la mano en alto

después de cada nuevo espasmo como golpe

de viento en las espaldas despeinándolas […]

y sonreían…


Y así de espasmo a espasmo

iba creciendo un monte pálido [...]

Y el hombre

desaparecía en hombres

y los hombres en pequeños seres

hábilmente elegidos en secreto […]

cada uno de ellos en la punta de un hilo

de semen de una red

con araña y sin víctimas


“Y como por la punta

apoyada en mi pecho

de un embudo rosado gigantesco

caían sus historias

y ninguna palabra de amor necesitaban

para ser más perfectas

Y dentro de ese embudo rosado yo encontraba

pan bañado en alcohol para mis aves

para el tiempo

para los límites del mundo

Por ellas todo desaparecía y flotábamos inmortales

días y días

lejos de las ciudades

aunque odiara a sus almas y a la mía [...]


hombre y mujer enamorados pero ignorantes:

necesitándose sin saber para qué ...


(Héctor Viel Temperley, "Equitación" en Legión Extranjera. Viene en la Obra Completa, publicada en Argentina por Ediciones del Dock, y en México en la Poesía Completa, por Aldvs.)



miércoles 6 de abril de 2011

Corro junto al mar, un poema de Héctor Viel Temperley

Corro junto al mar
y las gaviotas, petreles,
albatros o como se llamen
levantan vuelo y caen
un poco más allá.
Vuelvo a correr, vuelven a volar
y a bajar
y cada vez son más.

Corriendo junto al mar
al amanecer
invento las aves del mar.

(Hoy me he sentido con ganas de poner este breve poema de Viel, recordando mis caminatas y carreras al lado del mar de Tecolutla, o esa laguna inmensa y gris en Sontecomapan que me tocó mirar una tarde lluviosa. Pero volvamos al mar, a la escollera, a las olas girando y las mañanas luminosas mirando a los pescadores volver con su carga. Estos versos sabios y sencillos me devolvieron la sonrisa, las aves que inventamos desde niños y siguen volando, emigrando en la memoria. El poema se encuentra en el libro Humanae Vitae Mia, dentro de la Obra Completa, por si les interesa. Corto.)