viernes 25 de marzo de 2011
La aventura de un perchero
¿Que cómo terminé cargando un perchero por Insurgentes, o sentado al pie de la Iglesia de la Bola, con una mochila y el perchero a un lado, mientras los grillos empezaban su migración desde las ventanas inferiores del templo al extremo de la calle? Fui con mi hermana y otros amigos suyos a Tecolutla. El segundo día, creo, fuimos a un restaurante en un tramo entre Gutiérrez Zamora y Papantla, donde preparan conejo de forma exquisita, al chiltepín o al chileajo. Al lado hay una tienda de muebles de cedro; ahí lo encontré. Me gustó de inmediato y resolví llevarlo el día que regresáramos a la ciudad. Pero nunca pensé en el viaje al que lo estaba condenando. Mi perchero empezó junto a mí, en el asiento del copiloto, sufriendo del sol de las 3 de la tarde. Tomamos juntos un Jack Daniel´s, incluso una cerveza, mientras cantábamos de vuelta. Entonces notó junto a mí el tránsito detenido adelante de Poza Rica, la caravana de autos parados que asemejaba al cuento de Cortázar, y luego las noticias que corrían de boca en boca, de vehículo en vehículo. Un trailer se había volteado a unos pocos kilómetros, la carretera estaría cerrada hasta la noche. Pero todos debíamos volver a México, al trabajo o a lo que fuera. Había juntas urgentes, cierres editoriales. Hubo un concilio entre conductores y pasajeros de los dos coches en que íbamos, se decidió emprender una ruta alterna. Tres opciones: México vía Martínez de la Torre, México vía Tampico, México vía Veracruz. Hacia Martínez oímos que la carretera era mala desde ahí, además de que no la conocíamos. Por fortuna enmendamos el camino y no seguimos hacia Tampico, o eso creíamos mi perchero y yo. Tomamos la carretera costera hacia Veracruz, esa que pasa por Costa Esmeralda y te permite saludar el mar durante varios kilómetros. En esa caseta, hice el cambio, por sugerencia y comodidad. Los dos iríamos con más espacio, descansaríamos más. Cargué el perchero y lo mandé al automóvil de los otros amigos y el destino empezó con su saña. Error. Uno no debe separarse así, apenas conociéndose. Y la carretera empezó a complicarse, las famosas mujeres hermosas de San Rafael se escondieron de mi vista, Martínez de la Torre se alejó, la carretera secundaria me entregó una vista del bello parque de Tlapacoyan y luego nos traicionó para internarnos en la garganta y los intestinos de Teziutlán, Puebla. Bajamos y bajamos sin pistas, por unidades y casas habitación que desconocíamos, y el camino a la autopista se veló. Pedimos señales, la gente se confundía o las daba equivocadas. Las curvas de Teziutlán fueron el espectáculo terrible del vértigo. En fin. De todos modos llegamos a una caseta, entraríamos por Puebla, y ahí el juego del destino, una distracción del otro conductor, dividió súbitamente al perchero y a su dueño. Él se fue solitario en ese maletero rumbo a Puebla; nuestro coche enfiló hacia Tlaxcala. No había modo de reencontrarnos, la autopista no tenía retorno ni incorporaciones. Los autos necesitaban gasolina y debían seguir su camino, encontrar dónde surtirse, subsistir por sus medios. Sueño, cansancio, hambre, hartazgo, un Oxxo perdido, otro más, chicles, refrescos, sándwiches, prolongaciones del camino. Tengo entendido que ellos llegaron una hora antes que nosotros. Pero el daño estaba hecho. El perchero solitario entró por Puebla; yo, finalmente, también, pero ya muy lejos. Habíamos tenido que vivir entre 11 y 12 horas de viaje, más de 500 kilómetros de impaciencia, en los cuales atravesamos Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, hasta llegar al DF. Y para colmo, tres días más en la ciudad, hasta que tuviera tiempo de buscarlo y lo encontrara por Barranca del Muerto. Así terminé en Insurgentes con él. Así tomamos un taxi, pero ya no lo metí a la cajuela. Lo subí los tres pisos a casa y cuando lo puse en el piso, ofrecí una disculpa y recordé a una mujer que le dijo a su hombre, al mirarme caminando mientras cargaba a mi amigo: "Mira, amor. Qué bonito perchero". Y descansé.
jueves 17 de marzo de 2011
Garbage (divagaciones)
Creo que tengo escasos gustos musicales, pero obsesivos. No porque no me guste la música o sea un exquisito, sino por ignorante y repetitivo. Oí por primera vez a Garbage en el año 96 o 97, creo. Fue algo en la voz femenina de "Milk", en sus acordes nostálgicos y de apariencia remota, en una estación donde apenas se daban datos del grupo, pero quedé prendado. Llámenlo "amor a primera oída": la letra sencilla y repetitiva, la melodía circular, una canción de amor donde toda la necesidad y la espera se decían en un tono bajo, falsamente inocuo. Un par de años después me regalaron el Versión 2.0 y la adicción continuó. Encontré el primer disco del grupo, titulado simplemente Garbage, y aquello se volvió crónico. ¿Qué es Garbage para mí? Un soundtrack de vida adolescente-preparatoriana, pero también una manera de entender el mundo desde ciertos ángulos de los que a veces no logro librarme. Recuerdo la primera canción del primer álbum del grupo, "Supervixen": cierta venganza, enojo, deseos de destrucción. Las letras de Garbage son así, patéticas y poéticas, algunas rayan en la paranoia o en la insanidad mental, generalmente insertas en una melodía simple y pegajosa. Garbage es más rabioso y violento que el Version 2.0, me parece, suena más fuerte, y toda la atmósfera de oscuridad se matiza con ciertas guitarras poderosas y letras hirientes o agresivas. Lírica codependiente, pero a la vez de denuncia amorosa y una extraña poesía, en un empaque bellamente andrógino y atrayente en la palidez pelirroja de Shirley Manson. Un gran disco, lo canto en cuanto lo escucho. Los sencillos son conocidos ("Only Happy when it rains"- con su jodida línea "Pour some misery down on me", "Stupid Girl", "Vow"-magnífica- y mi adorada "Milk"), pero hay otras joyas como "As Heaven is Wide", "A stroke of luck", en fin. En medio de los discos, la mentada "#1 Crush" que tanto popularizó a la banda. El Version 2.0, más mesurado y "convencional" que su antecesor, aporta también su dosis importante de canciones inquietantes. Flota el fantasma de la codependencia, de los tratamientos y medicinas psiquiátricas, pero también refulgen ciertas cumbres líricas, ciertos momentos que no se me olvidan. Más allá de los sencillos efectivos y otro puñado de videos inquietantes (el "Push it" con el romance de Shirley y un hombre-gancho de ropa), hay una tercia de canciones menos conocidas a las que siempre recurro: "Medication", "The trick is to keep breathing" y "You look so fine". Llámenlo la tercia del amor enfermo, de las preguntas por la identidad, de la confusión interior, del anhelo amoroso que no puede concretarse. Muchas líneas nerviosas, terribles, sufridas, de víctima que se arrincona y se encona contra el otro; ahora me parece entenderlas desde la experiencia personal o las historias cotidianas.
"I don´t need an education / I learnt all I need form you / They got me on some medication /My point of balance was askew... Somebody get me out of here / I´m tearing at myself" ("Medication")
"She´s not the kind of girl / who likes to tell the world / about the way she feel about herself... Lately I´m not the only one / I said never trust anyone / I won´t be the one who´s going to let you down / Maybe you´ll get what you want this time around / The trick is to keep breathing... ("The trick is to keep breathing")
"You look so fine/ I want to break your heart/ and give you mine/ ... I´m falling over and over / Drown in me one more time/ Hide inside me tonight / Do what you want to do / Let`s pretend happy end" ("You look so fine")
Merecerían ellas tres una entrada, tan sólo por escuchar la respiración de Shirley Manson al final de "The trick...". Ahora que lo pienso, después de muchos minutos de escribir esta entrada, Garbage es toda una desnudez amorosa, casi patológica femenina, la desnudez interior de la Manson, envuelta en una atmósfera que no logró ser tranquilizante o mediática, aunque quizás ese grupo de excelentes productores convertidos en alineación por una casualidad afortunada lo propuso así como juego. Pero el grupo creció y maduró de más, Shirley creció también; juntos afectaron a unos cuantos, entre los que me cuento. Era tiempo de seguir y Garbage alcanzó su cumbre y su final en esos dos discos excelentes, aunque grabaron algo más, para seguir a otra cosa, adelante.
http://www.youtube.com/watch?v=WXICN7Ng58o
Etiquetas:
Garbage,
música,
Shirley Manson
viernes 11 de marzo de 2011
La lengua de los locos
Me he preguntado en los últimos días si el mundo interior de los locos es más feliz que el de "los cuerdos". Entiendo que vago entre dos abstracciones (locura, felicidad) que sólo conocen polémica, porque sus estándares cambian constantemente según su contexto, y si bien el grueso de nosotros huimos de uno para arañar la otra, estas dos grandes palabras se han ido vaciando y cargando con el tiempo, con distinta suerte, gracias a un repertorio de imágenes memoriosas, familiares, literarias o cinematográficas. Locura y felicidad pueden tocarse en un punto según dice nuestra experiencia vital, pero generalmente los bienpensantes nos ruegan que las dejemos en casilleros distintos. Y cuando quiero pensar en parámetros de lenguaje, con el afán de materializar un concepto evasivo o meramente mental, francamente rehuyo la escritura feliz (quizá me suena complaciente y segmentada) para elegir esa de la locura, aunque sus "marcas" sean tenues, o a veces demasiado incisivas y lo loco esté mezclado con la rabia, el enojo, la tristeza, la visión o el delirio imaginativo. Recuerdo mi impresión sonriente leyendo los primeros libros arrebatados de Leopoldo María Panero, aunque ahora tengo una cercanía mayor a gente como Artaud, por su política espiritual incendiaria y corporal. No entiendo bien la locura de Hölderlin, me toca más de refilón, sólo la atisbo como un preludio de amanecer, quizás porque me separa el idioma alemán. Y a veces localizo ese "algo" en Celan o en Zurita o en Viel, esa zona de lenguaje (bastante gráfico a su modo) que está activada por una ruptura, no sólo sintácticamente, sino que crea otro ritmo, que está habitado por una lógica musical donde las figuras más extrañas o comunes se embonan de otro modo. No olvido el sufrimiento, la violencia o el choque de este campo mental con el de los otros; pero a veces creo que el lenguaje de los locos es feliz a su modo por su confusión, porque integra el todo, porque la vacuidad de las "cosas" y los "estímulos" se habita de sentido de maneras misteriosas, y el mundo interior, cargado y doliente de aquellos a quienes catalogamos de enfermos, se extiende y explota sin reservas. Y en todo ello hay un acto de fe, una creación; en este mundo que adolece de ambas cosas.
Etiquetas:
lenguaje,
locura,
Paul Celan,
Raúl Zurita
domingo 6 de marzo de 2011
Destino apacible
Quizás no todos sabemos tener un destino apacible, aunque nos enseñen o nos den los medios para conseguirlo o nos eduquen para buscarlo mediante represiones, abrazos o consejos. No hablo de psicóticas "inclinaciones de maldad", tampoco de grandes ambiciones, sino de algo más fino, más oscuro y mezclado en lo interno para impulsarte a una existencia en que se sueña o debes proveerte de un golpe vital, y luego otro y otro; y hay que luchar para que la vida no sea un bache entre estos puntos climáticos, entre estas tramas secretas que nos construimos por nuestro lado. (Ser el títere del sí mismo, suena bastante posible.) Así, el sentimiento vive en latencia y aflora por ráfagas, en los contextos y los cuerpos precisos. Y marchamos a los golpes, alientos, lecturas, búsquedas y experiencias que deben ser vividas. Cuántas vidas e incendios posibles. Cuántas terribles bellezas.
jueves 3 de marzo de 2011
Michael Jordan, Failure
Hay un famoso comercial de Michael Jordan, hecho por Nike, en 1998 (?). Lo llamaron "Failure". Lo recordé todo el día de ayer y lo puse finalmente por la noche. Se ve a Jordan, en la cúspide de su carrera, llegando a su cancha para el partido que tendrá en algunas horas. "He fallado más de 9 mil tiros en mi carrera, he perdido más de 300 juegos, en 26 ocasiones mi equipo me confió el tiro ganador y lo fallé. He fallado una y otra y otra vez en mi vida. Por eso... tengo éxito." Comercial verbal, de narrativa minimalista, que construye toda una imagen del mito sin ponerle un pie en la cancha o sin darle un balón; publicidad enfocada en el Jordan íntimo como un constante fallador, un Jordan que camina y saluda a su paso al staff de la arena, un MJ no como el súper atleta, el tirador implacable con la lengua de fuera, no sólo como uno de los grandes íconos deportivos del siglo pasado. No haré más análisis. El clip es sencillo, tiene una vuelta de tuerca, al verlo en línea se borró mi romanticismo sobre el mismo, pero volvió a ser efectivo. El personaje de Jordan siempre me ha llamado atención no sólo por su impacto mercadológico, sino por sí mismo, como hombre que me hizo ver algunas de las escenas deportivas más impresionantes durante mi adolescencia. Recuerdo que iba siempre contra él en secreto, esperando verlo fallar, y de repente volvía a apoyarlo y a seguirlo, sorprendido y casi exultante por lo que hacía. Su estampa retadora, la superación de sí mismo detrás de su infección estomacal en la postemporada, su liderazgo, su visión del campo, su enfrentamiento con lo decisivo en cada partido pequeño o grande. Vale leer "Failure" como mini-ficción vendedora de los 90, pero también como el otro perfil de un grande que tendrá sus aplicaciones en teorías motivacionales. Así que esta entrada vale por la nostalgia de una noche... ¿Cuántas veces debemos fallar, carajo? ¿Cuántas, nosotros, los que no somos mitos? ¿Cuántas fallas, para ser efectivo, decisivo, en nuestros pequeños y grandes encuentros, lejos del glamour, de los resplandores, en nuestras duelas secretas? Corto.
http://www.youtube.com/watch?v=45mMioJ5szc&playnext=1&list=PL61D0A52E1BF20AB8
http://www.youtube.com/watch?v=CFwKvPzTMUU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=45mMioJ5szc&playnext=1&list=PL61D0A52E1BF20AB8
http://www.youtube.com/watch?v=CFwKvPzTMUU&feature=related
Etiquetas:
fracaso,
Michael Jordan
Suscribirse a:
Entradas (Atom)