domingo 26 de diciembre de 2010

El camino

Una mochila, después de luchar contra la infección de garganta y la presión de la sangre que se había rebelado contra nosotros después de un coctel de penicilina y jarabes. Pero de nueva cuenta está la posibilidad del camino, de recorrer calles nuevas o calles que no recordamos, de comer en otros sitios, caminar y respirar. La prosodia de los pasos. La ensoñación del paseante solitario (pero cuidado con perros alevosos, como el que atacó a Rousseau). Un par de libros que quizás uno olvida cuando se asoma y se integra en la vida. Acaso unas cuantas notas en una libreta o unas pocas imágenes mentales que diremos o se repetirán en la cabeza después de muchos días, cuando creíamos que ya habíamos olvidado. Vamos adelante, al camino.

martes 21 de diciembre de 2010

Nota poética

Después de tantos ojos cansados consecutivos en los últimos tiempos, de repente me asalta la pregunta de si podría volver a escribir poesía. Pregunta ridícula, para alguien que renuncia consuetudinariamente a escribirla porque se halla incapacitado para ella en distintos periodos. Porque se queda seco. A veces, leyendo viejos textos, creo reconocer mi voz y me espanta esa desnudez, aunque la busque en cierto modo. A veces encuentro otros retazos de experimentación "vanguardista" o de discursos múltiples, o localizo el afán de afiliarse a alguna voz que me impresionó. Y veo que se empantana el intento o me alegro de no estar ahí, hundido en marasmos y marismas verbales. La poesía no es de buenos deseos, aunque en el último tiempo empiezo a pensar que es una cuestión de seguridad en sí mismo. Abundan poetas nuevos, abundan poemas. O textos y gente que escribe textos con cierta pretensión literaria. Y de lo poco que puedo tener claro es que cansa la cantidad de juegos retóricos o de evoluciones circenses de lenguaje. Editar y editar el poema. Creer que con sólo romperlo hemos transmitido una ruptura. Cansa también el deseo de trasparentar las lecturas que uno ha hecho, como si eso augurara un destino poético a las palabras. Cansa el intento furioso y violento de creer que todo se sostiene en intimismos urbanos. Y ahora que leo hasta aquí, me doy cuenta que me he desviado de la pregunta original, que no tiene que ver con los otros, aunque ellos me han servido para escudarme, para no confrontarme. O para saber por qué dejé de escribir, porque quizás encontraba en mí mismo el virus que pretendo combatir. Quizás soy lo que combato o simplemente no logro superarlo. Quizás por tara personal. Quizás el próximo año... como un propósito. Carajo. 

lunes 20 de diciembre de 2010

Imágenes-lunes-desastre

Me despierto con la imagen de unos ojos negros húmedos. 
Me despierto mirando un periódico y el infierno y el recuento doloroso de los daños. 
Me despierto y un hombre mira un tenedor en equilibrio sobre el plato. El hombre reflexiona sobre el roce de esos objetos. Quizás es una danza: un tenedor tocando un plato.
Recuerdo cuando equilibraba mi tenedor sobre un plato, de pequeño, mientras mis padres charlaban, en la cúspide de un desastre silencioso, que adivinaba apenas. 

martes 14 de diciembre de 2010

Pavese sobre Moby Dick

Poéticas de venganza como poéticas tergiversadas, ocultas de la posesión. Como obsesiones íntimas que se incuban, como esperas anónimas y luchas contra el tiempo...

"Semejante éxito sólo puede comprenderse teniendo presente el sentido del mito de Ahab. Éste persigue a Moby Dick por sed de venganza, claro está, pero, como sucede en toda exaltación del odio, el afán de destruir se parece a un ansia de posesión, de conocimiento, y en su expresión, en su desahogo no siempre puede distinguirse de ésta." 

Cesare Pavese. Del Prefacio a Moby Dick (1941).

miércoles 1 de diciembre de 2010

Pavese, una cita

Trabajar cansa, decía el poeta. Dejo una de las numerosas citas reveladoras del maravilloso El oficio de vivir, el célebre (y trágico) Diario de Cesare Pavese:

"26 de febrero de 1940

La poesía no nace de our life`s work, de la normalidad de nuestras ocupaciones, sino de los instantes en que levantamos la cabeza y descubrimos con estupor la vida (...) Así se comprende por qué la adolescencia es una gran materia de poesía. Se nos aparece -a los hombres- como el momento en que aún no habíamos inclinado la cabeza bajo el peso de nuestras ocupaciones."