Algunos de los cuentos de Haroldo Conti me impresionan vivamente por primera vez, ahora que he sido capaz de entrar en su fraseo, en su dicción a ratos poética y entrecortada, en su puntuación a veces lapidaria. Conti y los árboles, que aparecen personificados y fusionados con los hombres en el maravilloso "Balada del álamo carolina" (nótese la musicalidad del título). Conti y la naturaleza, los ríos, los barcos, los pequeños personajes de su Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Inventores fallidos ("Ad astra"), corredores obsesivos, familiares ilustres y amores fantasmales en un rinconcito medio olvidado del mundo. Conti es un escritor donde a ratos la anécdota se nulifica por completo y sólo está el placer de la escritura, en perjuicio del relato, aunque no de un estilo personal y muy vívido, donde también sorprenden algunos relatos ágiles y humorísticos ("Devociones") o el cuento político ("Cinegética") con deudas al relato estadounidense. Un Conti que recuerda en su trazo poético y desnudo del "paisanaje" y las islas algo de la magia mítica de Pavese. Todo este Conti lírico, poético, casi franciscano en su amor por los animales pequeños (grillos, pájaros) hace que su desaparición durante la dictadura militar en Argentina se vuelva más dura y dolorosa.
II
Conti. ¿Consideraciones de su estilo? Conti es un hombre que narra a veces con lentitud y es detallista en extremo. Digamos que narra acciones descriptivamente, no es más general cuando podría serlo. Esto podría ser una tara: su amor por cierta "secuencialidad" narrativa. Su precisión como de manual o instructivo. Le gusta narrar el avance de la tarde, las estaciones, los procedimientos y las esperas. Pero el fraseo de Conti, si se me permite el símil, es como un latido. Porque cuando entra en ritmo, cuando sus personajes empiezan a hablar, es maravilloso. Todo avanza con naturalidad, las cosas se mueven. Lo mismo sucede cuando Conti se pone lírico: su prosa es muy cercana a la poesía y descubrimos una "luz rítmica". Todo, particularmente lo inanimado, se contagia de vida y cercanía.
Grillos, árboles, ríos. Como compañeros, quizás sinónimos o extensiones de Conti.
(Haroldo Conti, Cuentos Completos, Bartleby, Madrid, 323 pp. Prólogo de Gabriel García Márquez).