miércoles 30 de junio de 2010
Mayestático
Nada como poner un adjetivo majestuoso (mayestático) como título de una entrada. Nada tan pedantesco y de cierto mal gusto, aunque en ello se rompen géneros. Como tenía un día lento (nótese la aliteración), le eché un ojo a distintos blogs al azar y noté que el uso del "nosotros" brillaba en varias de estas páginas. "Nos parece", "creemos", "sentimos..." Casi creí que estaba leyendo una carta papal o algún documento de estado, o una demostración teórica de las que siempre he comprendido poco. Lo peor es que lo hacían hablando de literatura, de cine o de tantas cosas hermosas y prescindibles. Quizás hay demasiadas manos en otros blogs, muchas opiniones y consensos, que logran su armonía en un solo estilo que es muchos estilos. Quizás hay el tácito deseo de incluir al lector o de incluirse en un grupo fantasmal que nos resguarde o con el que nos comprometemos. Eso es bello y fructífero. Yo escribo pensando en ustedes, no escribo pensándonos. No escribo solamente para mí, no ignoro a los lectores invisibles, pero tampoco creo ser tan genial para saber que les he dado voz en mis cerrazones e ideas fijas. Aquí sólo hay un par de manos, las mías, y por fortuna, el capricho de mis heterónimos siempre firma como unidad pretendida. Corto.
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viernes 25 de junio de 2010
De la lluvia y el acto de contar
Ayudarse con los terrores nocturnos, ponerse a pensar en la fascinación ancestral por la lluvia como una condición atmosférica para el brote: historias y relatos oídos en la mesa de una casa, un café, una cantina. Dice Piglia algo como que la cárcel es un laboratorio de ficciones, un microcosmos de la realidad, que ahí lo que importa es narrar, aunque la historia no le importe a nadie. La prisión que uno elige al quedarse en un sitio, un techito cualquiera, una ventana, para mirar la lluvia, nos lleva a improvisar argumentos y torturas prescindibles que la lluvia próxima se llevará. Cuánta historia predecible en el acto de llover, en su repetición, en su monotonía (aparente), en su eterna causa-consecuencia del arriba y del abajo. Y sin embargo lo pluvial nos sigue sirviendo para hablar de perturbaciones internas e imágenes que no le contamos a nadie, pero están ahí, al pendiente de todo, latiendo. Dicen que seguirá lloviendo estas noches. Y todo es tan predecible, tan misterioso.
viernes 18 de junio de 2010
Work in progress...
El libro que escribo, que escribí, que escribiré es también una historia de lectura. Pero no sólo de mi diálogo con otros que han buscado y encontrado sus historias o sus imágenes, bajo la noción de que puedo desmontar y re-montar un cuento, también es la historia de quién y cómo me leen, de una manera de enfocar la vida en soledad o en contacto, la historia de una búsqueda de lenguaje que se enciende o se eclipsa de pronto. Historia de gente que viene y se va, de una pequeña computadora que mi tío fallecido me regaló y que tenía la velocidad de un ratoncito amaestrado y tronaba a las 3 am. Imposible pedirle más a esa máquina, imposible una oración para que soportara otra línea. Es también la historia de relatos escritos de una sentada, cuando la revelación aparecía y era imposible liberarse y no llegar ojeroso a un salón que se pierde entre salones, sentirse un poco místico y luminoso y atrapado en el flujo verbal, para acabar tirando a la basura montones de hojas. Pero también esa sensación ambigua, feliz y culpable a un tiempo, de haber hallado algo, de haberlo atisbado, porque eso tiene fuerza, vida e intensidad, y uno no sabe explicarlo. Libro-atajo, propuesta pospuesta, acaso. Libro soñado o escribiéndose de largas pesadillas que terminaban cristalizándose en una mancha de texto, que al final desaparece o nos salta a los ojos. La historia de una voz que se busca, de las letras más o menos endebles y de los plazos que uno mismo se pone esperando que encontrará cierta luz. Pero las noches siguen durando lo mismo. (Desocupado lector, perdone esta sintaxis, perdone el trasnoche romántico...)
viernes 11 de junio de 2010
Sudáfrica-México
El futbol es una visión, un relato y una errancia, así que tiene su espacio aquí, por puro capricho y pasión mía. El primer partido contra Sudáfrica desnuda cosas que ya se sabían. En contra de la máxima que dice que un equipo se ordena desde atrás, analizo a la inversa: Guillermo Franco no es el 9 de México, es lento, falto de técnica y contundencia, frágil y sin la condición para resistir 90 minutos. Vela se perdió, se escondió, no quiso o no pudo tocar el balón. Giovanni es de otro planeta, un regalo brasileño jugando para México, el mejor hombre del partido. Una media cancha con fuerza, pero a la que le falta despliegue y le pesa la falta de claridad: un Torrado errático e impreciso, un Juárez ensombrecido o asustado por el ambiente, un Márquez con buena ubicación y temperamento, pero con lentitud y sin la profundidad requerida: el 4 no puede armar para México. Y atrás, bueno. Osorio es una "lenteja", falto de ritmo, desubicado, todo el tiempo le ganaron la espalda. Eso complica el trabajo del Maza, que ha subido su nivel, pero no tiene para pelear en velocidad con otros delanteros. Aguilar llega mucho, pero a pesar del espacio, no decide bien, no trasciende, no centra ni dispara adecuadamente. Salcido sobresale por su calidad y su decisión, pero suele exhibir una dosis de confianza excesiva que lo lleva de lo sublime a lo ridículo. Que regrese Guardado a la titularidad, que le den minutos al Chícharo y que alguien consiga un par de centrales rápidos y fuertes para que esto no termine en catástrofe. México toca 25 veces el balón, le da la vuelta, pero sin efectividad ni gol ni desequilibrio (salvo las incursiones solitarias de Gio, balón pegado al pie, fintas de otro partido). En fin. Es el Mundial y me doy el lujo de sacarme el apasionado del futbol que llevo adentro. (Tendría que encontrar una manera de poner un pizarrón en este blog, carajo, jejejeje.)
viernes 4 de junio de 2010
Nota cursi
Recuerdo una manera de escribir más elíptica, de cuando estaba en la Universidad. Me atrae, pero fui contra esa escritura desde que estuve en el desierto. Escritura precisa, elíptica, amarrada, cuidadosa, influida quizás (eso quisiera) por Piglia y autores con deudas estadounidenses. En aquel momento no pude seguir con ese estilo, no bastaba. La inteligencia o la pulcritud me daban pocas respuestas cuando estaba quebrado. Vino la vida, regresó, y tenía que volver a hablar, desatado de un lenguaje concentrado. No obstante, sigo admirando esa escritura, no sé si para siempre perdida. (Después de leer El boxeador polaco, de Eduardo Halfon.)
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