jueves 29 de abril de 2010
Un personaje
Si me dieran la oportunidad de jugar a un personaje, si me dejaran darle un diálogo, hoy esa voz diría: la vida es un conjunto de precipitaciones y actos de impaciencia. Es también un conjunto de esperas y filas, un montón de datos fríos y crueles, unos cuantos momentos luminosos y arriesgados. Mi personaje diría, sobre todo, que muchos de los episodios vitales se recuerdan por la intuición del abismo, en el límite borroso y oscuro de ese lugar al que podemos precipitarnos siempre. Esa zona abierta y tenebrosa, como un vacío de cuerpo o de lenguaje, donde nos extraviamos. (Quizás como una plenitud.) El personaje pensaría todo lo que puede ser y suceder en sí mismo durante la caída. "La metamorfosis... ¿cuándo empezó? Una palabra o un gesto dichos en cierto tiempo, desde el cual el sentido de nuestro mundo, nuestro equilibrio, ha cambiado." A veces buscamos, necesitamos esos acantilados personales. A veces también nos aterran. "Estar en la orilla, para darse cuenta." Eso diría mi oscuro personaje, una tarde de abril que parece un incendio.
martes 20 de abril de 2010
Sueños animales
Esto fue lo que vi: bestias contra las que debía luchar, someto a un lobo con crías sosteniendo su cabeza, tengo que victimarlo a cuchillo y dejarlo sobre el piso, lucho contra un leopardo erguido que empuja una puerta que se desbarata a su toque, le pego en las patas para vencerlo y lanzarlo fuera de mi casa, hay guepardos y tigres durmiendo pacíficamente en mi jardín, a la espera del combate. Las bestias no son parte de mis ensoñaciones secretas ni cotidianas, mis animales suelen ser otros, pero qué más da, ahora se presentan de repente. No sé por qué, al recordar este sueño de luchas animales, me viene a la mente el epígrafe de Viel en Crawl: "J`attends les cosaques et le Saint-Esprit" (Leon Bloy): espero a los cosacos y al Espíritu Santo; espero la violencia, la ebriedad, la revelación...
sábado 17 de abril de 2010
Del viaje a Nashville
Volamos, subimos a un avión, descendemos, luego tomamos otro, oímos un lenguaje distinto, olvidamos y extrañamos el nuestro. Hay un río, personas distintas, hay una destilería y mucho whiskey y mujeres hermosas y luego un cuarto a solas donde hay que escribir y recordar lo que pasó en el día. Recuerdo que detesté volar entre nubes por las turbulencias. Pensé en tantas personas aquí, pensé en tanto oyendo una música y un acento distinto, luchando por recuperar el idioma aunque fue casi imposible leer algo en español. Todo fueron notas y notas sueltas de mi parte, tratando de afianzar la experiencia, para escribir lo fiel, lo real. Vocación por la libertad del viaje, ¿cómo apresarlo después? Ahora que estoy de vuelta, poco a poco todo se desenreda y el lenguaje de la pequeña travesía tendrá que hallar su cauce. Todo son destellos, detalles: una conversación en un mall perdido de Nashville, la mirada de unos ojos asiáticos con pupilentes, las iglesias bautistas a mitad de las praderas perdidas del sur de Estados Unidos. Algo en el orden de los eventos se va desmadejando en un pulso, en alguna palabra suelta, en el retomar el camino cotidiano. Lecturas de un viaje que acaba de terminar, palabras para intentar rodearlo y darle la dimensión necesaria para traducirlo.
domingo 11 de abril de 2010
Releyendo-me
Vale releerse para recordar, para arreglar una errata, para mandar a tiempo un manuscrito a publicación, para recordar cómo éramos, de qué hablábamos antes. Es verdad que en el transcurso de esta lectura, uno se descubre los vicios temáticos, de lenguaje, las obsesiones. Uno encuentra a veces un aliento entrecortado: si fuera posible se quejaría con ese extraño que hace un tiempo no podía respirar bien en su relato o era demasiado torpe o tomaba con pinzas una anécdota. Pero también descubre algunos pasajes al dictado, descubre algo que brilla o algo que se asentó en medio de la oscuridad y la soledad en una recámara, un fragmento que ahora retumba, resuena, nos apalea nuevamente al encontrarlo. Uno va viendo que tiene un conjunto de rasgos, historias, temores, adjetivos, ángulos, que con trabajo, revelación y una dosis de suerte y azar podrían convertirse en un mundo. Se aspira a eso, a arriesgarse y hacer un mundo, a manufacturarlo más o menos lentamente, porque uno es un tipo obstinado. Hacer con las manos torpes un planeta, un espacio, un lugar, un lunar en el inmenso cuerpo de escrituras.
lunes 5 de abril de 2010
Temas
Noches, insomnios, recuerdos, lecturas, carne y espíritu. Lo pensé todo y no escribí nada. Por lo menos no hoy. No despierto.
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