miércoles 27 de enero de 2010
Dibujar
Uno se pone a dibujar de nuevo, a lápiz o pluma, por pura necesidad expresiva, porque alguna vez lo hizo y lo olvidó entre la niñez y la adolescencia, porque el dibujo es nuestra primera caligrafía. Dibujos como signos, como caligrafías personales o puntos de referencia y dispersión en el papel. Dibujos porque hay que decir aún otra cosa sobre lo escrito, quizás es necesario mirar de nuevo y contar el mundo con ese material previo a las palabras, en su límite, un gesto puesto en el papel, un movimiento de la mano anterior a los trazos aprendidos. Dibujar es danzar también, antes de la marcha marcial en hileras sucesivas. Intensidad contra el tiempo. Vuelvo a dibujar.
jueves 21 de enero de 2010
Sobre el art brut
Poco a poco los días soleados parecen rebelarse contra el frío inicial del año. Escribo esta entrada tras la lectura de los Cuadernos de Cioran, tras las visiones del desierto, pero además con una profunda carga de imágenes del libro L`art brut, editado por Flammarion. Esas imágenes pintadas por enfermos mentales, reclusos en hospitales siquiátricos, hombres que fueron hasta el límite y por alguna razón se quedaron en otra parte, en la otra orilla, han influido en los sueños largos y excesivos que he tenido en los días recientes. Hablar de hombres que se pintan como santos después de haber cometido un crimen, de seres obsesionados con los trenes que hacen esculturas de hombres animalizados con cabezas o picos de pájaros. Conocer la historia de un hombre que vivió su último tiempo cavando agujeros para sí, haciendo máquinas móviles inútiles, sin propósito, o dibujando rostros enigmáticos e inclinados que desconciertan y fascinan al mirarlos. Algunos nombres: Wölfli, Forestier, Heinrich Anton Müller. Particularmente este último me tiene impactado. En breve pondré algún dibujo suyo aquí, para apoyar lo dicho.
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art brut,
Heinrich Anton Müller
sábado 16 de enero de 2010
Cendrars y el anhelo transiberiano
Con todo, era peor que un mal poeta
No sabía llegar a meta.
Tenía hambre
Y todos los días y todas las hembras en los cafés y todos los vasos
Hubiera querido beber y romper
Y todas las vitrinas y todas las calles
Y todas las casas y todas las vidas
Y todas las ruedas de simón que giraban en torbellino por las rondas empedradas
Hubiera querido clavarlas en una hoguera de espadas
Y hubiera querido moler todos los huesos
Y arrancar todas las lenguas
Y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos bajo ropas que me azaran...
Tomado de Blaise Cendrars, Prosa del transiberiano. (Esta pequeña lista de anhelos de un viajero en soledad me parece más que remarcable.)
No sabía llegar a meta.
Tenía hambre
Y todos los días y todas las hembras en los cafés y todos los vasos
Hubiera querido beber y romper
Y todas las vitrinas y todas las calles
Y todas las casas y todas las vidas
Y todas las ruedas de simón que giraban en torbellino por las rondas empedradas
Hubiera querido clavarlas en una hoguera de espadas
Y hubiera querido moler todos los huesos
Y arrancar todas las lenguas
Y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos bajo ropas que me azaran...
Tomado de Blaise Cendrars, Prosa del transiberiano. (Esta pequeña lista de anhelos de un viajero en soledad me parece más que remarcable.)
lunes 11 de enero de 2010
Sobre Michaux y la mujer desvaneciéndose
Transcribo con todos sus dimes y diretes una nota suelta que escribí sobre el poema "Nosotros dos aún", de Henri Michaux:
"Michaux revela el terrible hallazgo de la descomposición de la hermosura de su mujer, tras un accidente que la dejó con quemaduras gravísimas, que terminaron llevándola a la muerte. Debajo de los hilos y los andrajos de piel, Michaux hace una elegía de la mujer en el acto de desaparecer, de adelgazarse como un hilo, apenas un trazo herido de lo que fue. La comparación de la fémina con un trazo desdibujándose es hermosa y terrible. Su mujer era un signo: no tenía la violencia de una mancha o la precisión de la caligrafía china que él tanto estimaba, sino que se había tornado un tirón, un derrame inesperado y no obstante delicado, agua vaciándose, sangre vaciándose. Agua y fuego como agentes que borran la regularidad de la piel. Sea por la abrasión o la humedad, el cuerpo femenino se vuelve una materia frágil que apenas alcanza a susurrar un nombre. Noche tras noche, entre vendajes y luz verdosa hospitalaria, es ella, Lou, pero también una voz ronca y herida, sibilante, que ya no reconocemos."
Sirva lo anterior como una introducción muy libre y llena de licencias. Aquí el principio estremecedor del poema referido, se encuentra fácilmente en la red, que lo disfruten:
Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto.
(...) No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo enseguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre.
(...) Ella estaba en un tren que rodaba hacia el mar. Estaba en un huso que hilaba sobre la roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia la serpiente de fuego que iba a consumirla. Y fue allí, de pronto, cuando sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el espejo, su felicidad.
viernes 8 de enero de 2010
Rilke y lo terreno
Hace tiempo no visito la poesía de Rilke, pero hoy encontré esta cita mientras revisaba algunas notas de mi tesis (que por cierto ya tiene mucho de proyecto kafkiano, como la muralla china de su relato). Comparto las palabras del poeta aquí, sé que resistirán con su vivacidad lírica estos días de tanto frío y alzas de precios:
"Con una conciencia puramente terrena, profundamente terrena, beatamente terrena, hay que introducir lo aquí visto y tocado en un círculo más amplio, el más amplio posible. No en un más allá, cuya sombra oscurece la tierra, sino en una totalidad, en lo entero. La naturaleza, las cosas de nuestro tacto cotidiano y de nuestro uso son, por cierto, provisionales y caducas, pero son mientras estamos aquí en la tierra, nuestra propiedad y nuestra amistad, ellas son consabidoras de nuestra alegría y de nuestra miseria y ya fueron las confidentes de nuestros antepasados. Así, no sólo hay que descalificar y degradar lo de aquí, sino que precisamente por su provisionalidad, que comparten con nosotros, estas apariencias y estas cosas tienen que ser comprendidas y transformadas por nosotros por medio del entendimiento más entrañable (...) Porque nuestra tarea es ésta: impregnarnos de esta tierra provisional y caduca tan profundamente, tan dolientemente, tan apasionadamente, que su esencia resurja otra vez en nosotros, invisible."
Carta de Rilke a Witold Hulewicz, citada en la introducción de Otto Dorr a Rainer Maria Rilke, Los sonetos a Orfeo.
domingo 3 de enero de 2010
Cioran y dos queridos fantasmas
Para comenzar el año, es un gusto leer a Cioran hablando de escritores como Beckett y Michaux, dos experiencias poéticas que me son muy queridas. De hecho, para esta entrada rivalizan los tres, porque si bien he leído menos a Cioran que a los otros dos convidados, el rumano que escribía en francés se ha ganado mi aprecio con sus aforismos y máximas siempre en el punto preciso entre la crueldad, la sabiduría y un leve halo trágico y desencantado que no cae en el patetismo. He dicho que es un gusto leer sus Ejercicios de admiración, y de ellos rescato sólo un par de citas, con referencia a ese par de buenos fantasmas que me acompañan en el principio de 2010:
Sobre Beckett: "Más de una de sus páginas me parece un monólogo de después del final de algún periodo cósmico. Sensación de penetrar en un universo póstumo, en alguna geografía soñada por un demonio liberado de todo, hasta de su desgracia."
Sobre Michaux: "¿Acaso no ha sometido cada una de sus sensaciones a un examen en el que entra de todo: tortura, júbilo, voluntad de conquista? Esa pasión por aprehenderse, esa toma de conciencia exhaustiva, se reduce a un ultimátum que no cesa de darse a sí mismo, a una incursión devastadora en las zonas más oscuras del ser."
Más Cioran y menos Prozac. No sé qué consecuencias tendría, pero en un afán lúdico habría que proponerlo, al menos, en esta época de propósitos como avalanchas.
Sobre Beckett: "Más de una de sus páginas me parece un monólogo de después del final de algún periodo cósmico. Sensación de penetrar en un universo póstumo, en alguna geografía soñada por un demonio liberado de todo, hasta de su desgracia."
Sobre Michaux: "¿Acaso no ha sometido cada una de sus sensaciones a un examen en el que entra de todo: tortura, júbilo, voluntad de conquista? Esa pasión por aprehenderse, esa toma de conciencia exhaustiva, se reduce a un ultimátum que no cesa de darse a sí mismo, a una incursión devastadora en las zonas más oscuras del ser."
Más Cioran y menos Prozac. No sé qué consecuencias tendría, pero en un afán lúdico habría que proponerlo, al menos, en esta época de propósitos como avalanchas.
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