martes 22 de diciembre de 2009

La no-poesía

"Os enseñaré que la poesía se hace a base de la no-poesía, que la fuerza de la razón poética consiste en absorber la mayor parte posible del mundo y no en retirarse a las regiones seguras de la intimidad interna."

Adam Zagajewski, sobre la poesía de Czeslaw Milosz. ("La razón y las rosas" en En defensa del fervor.)

miércoles 16 de diciembre de 2009

Un nuevo lugar

Tengo de nuevo un lugar. Las cosas se dieron rápidamente y ahora estoy en el momento de abrir cajas y acomodar, de acostumbrarme a las paredes y los caprichos del sitio, de moverme de nuevo con comodidad y ligereza. Los sueños me acompañan al dormir de nuevo en mi cama y ver qué aún me falta demasiado por aprender en cuestiones técnicas de casas, que mi orden es precario, así como mis necesidades. Por la noche me voy habituando a los nuevos ruidos que surgen allende las paredes. De estos primeros días, también quiero destacar un detalle: un cuaderno azul, que hace las veces de diario, ha vuelto a abastecerse de entradas, líneas y malos dibujos. También los textos del Hombre Elefante sufren transformaciones, porque he podido sacar mis libros de poesía y (previa disculpa por los malos tratos) vuelvo a leerlos y a discutir con unos cuantos autores queridos sobre los rumbos a tomar. En fin, hay entusiasmo y miedo. Anoche, por primera vez en mucho tiempo, recuperé mi dvd y escuché por una hora la voz afrancesada de Julio Cortázar, sus "egues", sus ideas sobre el estilo y su obra, mientras me tomaba un té. Veremos. Ya veremos. 

jueves 10 de diciembre de 2009

El retorno de Merrick

Es curioso cómo regresamos a ciertos temas, a ciertos personajes. En mi caso, creo que ya antes he hablado de mi relación con El hombre elefante: un individuo, una idea que se ha mantenido en mi cabeza y sus rincones durante más de cuatro años. En aquel tiempo inicial, cuando escuchaba afanoso el Kid A de Radiohead creyendo que sus disonancias eran imagen de un poema y leía muy concentrado los versos de Rodolfo Hinostroza, luchaba por darle a los poemas una voz rota, gutural, medio becketteana, que coincidiera mi interpretación de un Joseph Merrick "posmoderno". Todo era lenguaje, tartamudeo en él, y los resultados saltaron a la vista. No era el camino. No quedó un solo poema de aquella época. Tiempo después, como al dictado, una noche me senté y escribí de corrido el primer poema de lo que sería el reinicio de mi avatar paquidérmico: un texto que hablaba del padre de Merrick y que tiempo después, gracias a un amigo, publicaron en el libro de Chilangoandaluz de España. A ese texto se unieron tres más: uno sobre la enfermedad de la madre de mi hombre elefante, otro sobre la voz, el último sobre un minotauro elefante. Ahora, mi Merrick me sorprende con una carga de nuevos textos que tienen un tono distinto, pero que se relaciona con su predecesor y con los poemas que le siguieron. Me importa la dicción, pero hay más, me parece. Mi Merrick no es uno biográfico, ni pretende homenajearlo y alabarlo. Es un intento más de imaginar una voz, un cuerpo y darle vida, y con ello hablar el lenguaje pretendidamente elefantino, un poco inocente, un poco paranoico y asustadizo también, del Merrick que tengo en la cabeza. Ese que mira las olas del mar "diciéndole tanto/ sin que pueda entenderlas".

miércoles 2 de diciembre de 2009

Plop

Hay tantas cosas que uno puede decir, pero hoy elijo la ligereza. Levedad, como la pedía Calvino. Por ejemplo, el recuerdo de esa llamada a las 9 de la noche. Contesto con los ojos medio cerrados en el microbús de vuelta a casa. Estoy agotado por un día de locos, las caminatas infructuosas y los ojos fundidos entre lecturas. Es la señora que pretende ser mi nueva casera. 
Estoy revisando los papeles que me dio, me dice, pero hay una cosa que no sé cómo llenar. 
¿Qué, señora?, le respondo medio enfadado. Con ésa, ya suman ocho llamadas en un lapso de doce horas, sin contar las que hizo el día anterior a a mi aval, a mi jefe, a recursos humanos, a mis familiares y a distintos amigos para ver si soy "el indicado".
Pues, quiero preguntarle, joven... ¿Su fiadora es señora o señorita?
Plop, se leería en la célebre historieta de Condorito. 
Afortunadamente, cuando fui a pedirle que me devolviera los papeles, la señora me dio todo en orden y hasta me obsequió un folder y dos clips. Cómo olvidar que incluso me despidió con un genuino "Dios te bendiga". 
Plop.